martes, 31 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 15


TROZO 15. Bielmum.

El mazazo que consiguió sacarme de allí no fue más que agua fría. Pero fría de verdad. Al volver a abrir los ojos, me encontré en una habitación blanca, brillante y bañada en tonos rosa que giraban y cambiaban como si de un caleidoscopio se tratase.

Me asusté, ¿qué estaba pasando? Estaba en un túnel, atada, había un tren y de repente todo era rosa, un sitio cálido, acogedor... Mi mente no paraba de repetirse: "Tengo que descubrir que está pasando aquí, y pararlo cuanto antes mejor".

En la habitación empezó a sonar una música. Y la bailarina de una caja de música, con sus brazos por encima de la cabeza y sus pies y piernas en posición plié, empezó a dar vueltas y más vueltas. La música empezó a dolerme en las orejas. Parecía que mi cabeza iba a estallar. ¿Qué estaba pasando? Todo, todo era terrorífico, la oscuridad y el tren, y aquella extraña habitación rosa... empezó a tambalearse, la muñeca no dejaba de rodar, pero yo daba tumbos, al igual que todos aquellos hula hops de oro, que por allí había.
Ahora veía la muñeca desde su cabeza, y sus pies estaban enganchados al techo de la habitación.
Intenté escapar de aquella música ensordecedora, y por instinto cerré mis ojos y tapé mis oídos. Empecé a notar frío de nuevo, oscuridad, a oler polvo. Abrí los ojos y estaba de nuevo en el túnel pero ya no estaba atada.

Forcé mi vista a acomodarse a la oscuridad y busqué la salida a mi alrededor. Había un par de puertas pequeñas pero preferí no abrirlas, seguro que si me estaban buscando pasarían por el interior y no por las suicidas vías del tren.

Caminé durante varios minutos, empezó a subir la temperatura y se agradecía; intuía voces y ruidos de gente pero nada de luz. Anduve, anduve, ¡y qué camino más largo! Me puse a tararear una canción de cuna. ¿¡Yo!? ¿Una canción de cuna? La música me hizo el camino más ameno. Mi nariz no sólo detectaba polvo, ahora se estaba empapando de un rico olor. ¡Barbacoa! Alguien estaba haciendo barbacoa. Estaba hambrienta, sedienta y con necesidad de ver a alguien más. Llegué a la barbacoa. Aquello parecía el paraíso de los túneles: gente, luz, agua, cerveza fresca, ropa... era un submundo en el túnel.
Una chica con cara de muñeca se acercó ofreciéndome un gran vaso de agua y unas salchichas con pan y tomate, y me preguntó si necesitaba algo más.

    -Si, necesitaría una camiseta nueva, y otros zapatos un poco más cómodos, tengo mucho que caminar.

    - Eso está hecho, y no te preocupes, ya no queda tanto. Y antes vas a poder descansar, tu cara da claras señales de que tu cuerpo necesita una camita y seguro que una ducha no te vendrá mal.

Qué suerte la mía, había topado con un ángel en el infernal túnel convertido en paraíso. Me inspiraba confianza, y no quise dudar. Necesitaba un poco de sosiego en esta extraña aventura por la que estaba atravesando. 

Me bebí el vaso de agua, me comí el pan, las salchichas y me preguntó si quería irme ya, y le dije que como quisiera. Nos fuimos alejando de esa barbacoa y ella se despedía de todas las personas que nos encontrábamos. Fuimos por otros túneles, más estrechos, como pasillos, e íbamos pasando puertas y felpudos muy coloridos. Lo encontré muy curioso, parecía como las viejas y estrechas callejuelas de algún pueblecito de la costa del sur.

Sin ella preguntarme, me apeteció explicarle lo ocurrido. Había estado en una habitación rosa por unos segundos, con una bailarina y una música ensordecedora, para volver otra vez a la vía, al túnel, a la oscuridad...

- Lo sé, lo sé, has corrido mucho, sufrido, y ahora te toca descansar un poquito.

La chica abrió una puerta blanca y nos limpiamos los pies en un felpudo blanco con un tribal rosa. Me dio unas toallas, y me enseñó la ducha, mientras me preparaba ropa me explicó que debía disfrutar de la ducha, de la cama, y coger la ropa que necesitase. Me dijo que me quedaban muchos pasillos, muchos túneles, muchos cambios de lugar y sobretodo que debía vigilar muy bien en quien confiaba. Los que me habían atado a la vía, querían acabar conmigo y no les importaba cómo hacerlo. Y yo ya sabría en quien tenía que confiar. Lo intuiría, algo en mi interior me diría quienes son los buenos, pero nada me enseñaría quiénes eran los malos. Debía escuchar todas las señales. Debía estar alerta.
Me dio una pequeña navaja suiza de color rosa y la puse en mi bolsillo derecho. Me dijo: "Tiene poderes, con ella podrás hacer todo lo que necesites. Utilízala con sabiduría".

lunes, 30 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 14


TROZO 14. XEIA2410.

Se atisbaba claridad en el fondo del pasillo angosto al cual habíamos accedido, que incrementaba a medida que aumentaba el volumen de la música. Hasta que la vi. 
Entramos en una habitación poco iluminada donde se oía como un hilo musical.  Parecía que estuviera en unos grandes almacenes, salvo por….bueno, por casi todo. Sólo si cerraba los ojos. Pero NO podía permitirme eso pues, ante mí, repartida en un montón de estanterías mecalux, cutres y oxidadas, estaba…¡¡¡mi fabulosa colección de muñecas!!!!
Sabido era que, junto a la lectura, eran mi pasión.  Las coleccionaba desde ni recuerdo cuándo. Desde niña. Nunca regalé o tiré una muñeca. Me las quedaba, incluso las más usadas y ajadas. Las mías y las de mis amigas. Con los años, recopilé, restauré y empecé a comprar piezas realmente sublimes y, desde hacía poco más o menos un año, podía jactarme de tener una de las mejores colecciones a nivel mundial. 



Hacía unos meses, había prestado como la mitad a una exposición itinerante, que visitaría diversos países. Pero, ¿qué hacían allí?? ¡¡¡¡¡Eran las prestadas!!!!! Y…¡¡¡llenas de polvo!!! ¿¿¿No deberían estar en Roma???
Sin preocuparme momentáneamente del tipo, que había desaparecido de mi campo de visión, cogí una de mis preferidas. Empecé a apartarle el polvo con las manos, le empecé a planchar el pelo, pero ¡¡se desintegraba!! ¿¿Qué estaba pasando?? ¡¡¡Era mi peor pesadilla!!! (bueno, junto a soñar que se te mueven y caen los dientes, claro, ¡¡pero peor incluso!!) 
El fulano reapareció con un móvil en la mano. Me entró la risa floja…¿¿pero ahí había cobertura??? No se tomó bien la burla. Me arrancó de un golpe seco la muñeca de la mano y la estrelló estrepitosamente contra la pared opuesta a las estanterías. Se desintegró en un polvo blanco.

-¿¿Ves lo que vale tu bien más preciado??-  chilló - ¡¡¡Nada!!!, ¡¡¡tan sólo es un montón de polvo!!!

Del bolsillo trasero de su pantalón, sacó unas esposas y me ató a la estantería.

-Voy a buscar cobertura, ¡aquí te quedas con tus tesoros!

Retrocedió por el pasillo y oí cómo, de un portazo, cerraba la puerta metálica. 
Como me había atado a una estantería alta, no podía sentarme para aguardar… para esperar lo que fuera. Por ello cogí una, al azar, de las que me quedaban más cercanas. 
Ésta era de vinilo, no de porcelana como la anterior, y con peluca de mohair. Con la mano, desplacé la brutal capa de polvo de su cabecita despegando, sin querer, la peluca.  Al intentar volverla a su posición, me falló la mano atada y se me cayó. De la cabeza salió un polvo blanco que quedó esparcido por el suelo. El hilo musical de fondo empezó a quedar amortiguado por un ruido atronador. ¡¡Un tren!! ¡¡Un tren pasando a toda velocidad por el túnel!!
Sentía que mi cabeza iba a estallar de un momento a otro, como estalló la primera muñeca. Sólo tenía ganas de morir, de despertar de la pesadilla, de acabar con todo aquel sufrimiento…….pero un mazazo me sacó de aquel trance.  El tipo..., el tren..., yo atada …¡¡¡¡¡¡DIOS!!!!!!

viernes, 27 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 13


TROZO 13. Montse.

El vagón no iba demasiado lleno y noté que casi todos los viajeros que lo ocupaban me miraban con curiosidad. Sin duda notaban mi desconcierto y el lamentable aspecto que debía de tener, con la blusa ya sucia y el sudor que perlaba mi frente y mi cuello, así que traté de disimular todo lo que pude e intenté tranquilizarme un poco, si eso era posible, no sin antes agudizar mi sentido de la percepción, algo que hasta hacía poco creía que era inexistente en mí, y asegurarme que ninguna de aquellas personas pudieran ser sospechosas.

¡Estaba desquiciada! Había llevado un ritmo trepidante y mi corazón palpitaba a toda prisa. Intenté poner algo de orden en mi cabeza, pero la rabia y la angustia no me dejaban pensar con claridad y por mucho empeño que pusiera en ello no lograba entender lo sucedido, ni sabía quiénes eran mis perseguidores, ni lo que perseguían, ni nada de nada.
Al llegar a la siguiente estación, y para mi sorpresa, una más entre todas las que llevaba acumuladas, entró en el vagón el joven que me había sonreído y que se disponía a llegar hasta mí avanzando decididamente. Me levanté de un salto, con la esperanza de alcanzar la otra puerta de salida, pero no llegué a tiempo, se cerraron las puertas y el tren volvió a emprender la marcha.

Lo cierto es que el hombre no parecía representar una amenaza, más bien al contrario, y cuando me di la vuelta, lo encontré frente a mí. Me abrió los brazos y yo, asustada como una niña, me abalancé sobre él y empecé a llorar, sintiendo un gran alivio.
Permanecí entre sus brazos hasta la siguiente parada y seguí asida a él cuando, sin mediar palabra, se abrió la puerta y salimos del tren.
Una vez nos quedamos solos en el andén y el tren desapareció, el joven miró a su alrededor, imagino que para asegurarse de no ver a nadie. Entonces me agarró por los hombros y me obligó a bajar hasta el foso de los raíles, diciendo sólo ¡salta! y luego a caminar por el túnel.




Me empujaba para que fuera más aprisa, siempre tras de mí y sin hablar, y el túnel cada vez se hacía más oscuro a medida que avanzábamos. Sacó una linterna y con ella iluminó el recorrido ante mis pies. Intenté decir algo, pero él me hizo callar gruñendo un “chisss” y otro empujón, mientras las lágrimas volvían a rodar por mis mejillas.

Al llegar a una curva, se detuvo, y mientras con una mano me tenía cogida por la nuca, con la otra abrió una pequeña puerta metálica y me hizo entrar. Entonces me pareció escuchar una música a lo lejos y le pregunté "¿a dónde me llevas?" "¡Ahora no!", fue su respuesta y me pareció lo más tranquilizador que había escuchado en mucho tiempo.

jueves, 26 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 12


TROZO 12. Ángeles.

Intrigada, lo saqué y vi un mensaje, escrito con una letra muy elegante, que decía:

“Bella durmiente: aunque espero convertirme en tu príncipe azul, quiero que cuando te dé el primer beso estés despierta y consciente. Te dejo dormir y espero encontrarte mañana, a la misma hora, en la puerta dorada de La Pagoda.
Dulces sueños.”

Qué bochorno. Eso es un corte, y no el que le dieron a María Antonieta.
Pero, en fin, si concertaba otra cita, e incluso consideraba la posibilidad de besarme, sería porque no me había encontrado demasiado ridícula, allí, durmiendo como una marmota.
Y estaba claro que era un romántico: en solo tres líneas hablaba de la Bella Durmiente, del príncipe azul, del primer beso y además había elegido como nuevo lugar de encuentro, no un prosaico Starbucks, sino un enclave tan poético como La Pagoda, ese viejo cine abandonado, en una callecita olvidada y escondido entre las plantas que han ido creciendo sin obstáculo hasta ocultar casi por completo el edificio.
Por supuesto, me encontraría allí al día siguiente. Tenía mucho interés en conocerlo, pero además era fundamental limpiar mi imagen, darle otra visión de mi persona.

Ya estaba anocheciendo y hacía frío, así que decidí coger el metro para volver a casa.
Mientras esperaba en el andén, vino a mi mente una imagen muy clara y desconcertante: la de unos tipos desconocidos, trajeados, de rasgos asiáticos, que me asaltaban, me secuestraban y me golpeaban. Supuse que eran imágenes de un sueño, pero más bien me parecían un recuerdo, por lo vívidas y detalladas.



Entonces, en el andén opuesto, al otro lado de las vías, me pareció reconocer a unas personas. Sí, aquellos hombres vestidos de negro, que caminaban a lo largo del andén como quien busca o espera, me resultaban familiares. Llevaban gafas de sol -algo absurdo en un andén del metro-, pero tuve la certeza de que detrás de esos cristales negros había ojos orientales.
En ese momento me vieron ellos a mí e hicieron gestos que me parecieron de sorpresa y fastidio a la vez. Sin duda, habían cometido un error de lo más tonto.

Rogué para que llegara ya mi tren, antes de que los elegantes cruzaran las vías, porque estaba claro que eso era lo que iban a hacer.
En efecto, los hombres saltaron a las vías, con la clara intención de subir al mismo tren que yo, que, providencialmente, llegó en ese momento. Recorrió una distancia considerable antes de detenerse por completo, con lo cual los hombres no pudieron pasar por delante para subir a mi andén.
Por fin se abrieron las puertas y pude entrar. Al instante el vehículo reanudó su marcha y yo me sentí a salvo, al menos de momento.

Los hombres se quedaron en las vías, enfadados unos con otros mientras me veían marchar. Yo, en el último instante antes de entrar en el túnel, miré hacia el andén que acababa de abandonar y entonces vi a otro hombre que a su vez me miraba a mí. Este no llevaba gafas ni traje negro ni era oriental. Era un joven de aspecto pacífico que me sonreía y levantaba el pulgar en señal de triunfo.


[Nota: Hemos actualizado el Trozo 7 de Ana con una foto que nos mandó a posteriori. Merece la pena que la echéis un vistazo. Para los más vagos aquí va el enlace: Trozo 7 - Ana]

miércoles, 25 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 11


TROZO 11. Tomás.

No sabría decir cuánto tiempo llevaba repasando los nombres de aquel listín, cuando las letras comenzaron a agrandarse y danzar ante mis ojos. Una blanca nebulosa se empeñó en  cubrirlo todo, al tiempo que una voz muy lejana parecía estar llamando a alguien. Percibí entonces cómo me inundaba un sopor tan denso que no pude evitar el dejarme arrastrar por él.

- Señorita… Señorita…  – oía dentro de mi cabeza -  ¿Se encuentra bien? – El sonido de esa voz era cada vez más cercano y perceptible.

Una leve sacudida en mi cuerpo me hizo abrir los ojos para descubrir al camarero que me había atendido, observándome con cara preocupada. Mi libro de Stefan Zweig volvía a estar allí, ante mis ojos, así como el café que había pedido hacía… ¿cuánto tiempo? Me pareció  que había transcurrido una eternidad desde que fui al cuarto de baño y descubrí…





- Perdone que la moleste,  pero al ver que daba una cabezada me supo mal decirle nada, pensé que necesitaba descansar un poco. Pero es que finalmente se durmió tan profundamente, y… verá, es que ya vamos a cerrar y…
De repente, recordé.
- ¿Vino alguien a buscarme? Yo… esperaba a alguien.

El camarero se encogió de hombros sin saber responderme.
Me levanté apresurada mirando en torno de aquel pequeño Starbucks, ya vacío y,   todavía confusa, recogí mi libro mientras pensaba que no había sido buena idea tomar  tranquilizantes. Aquella cita me había puesto demasiado nerviosa. Tantos meses esperando a conocer por fin al hombre que me quitaba el sueño para caer dormida antes de… ¿llegaría a verme? Avergonzada, pedí la cuenta.

- No se preocupe, está invitada.

A punto de salir por la puerta vi que entre las hojas de mi libro sobresalía una hoja de papel verde que yo no había puesto allí.

martes, 24 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 10


TROZO 10. Emilie.

Puse encima de la mesa el resto de los papeles que tenía, busqué y rebusqué por todos mis bolsillos, mi cabeza no paraba de hacerse preguntas, una detrás de otra, sin parar, no entiendo por qué no hay forma de parar esta extraña sensación, esa adrenalina que hace que sientas que observas el mundo mientras el resto pasa a tu alrededor inconsciente de quién eres y de los secretos que quieres descubrir.
Alcé la cabeza un par de veces mirando al vacío, hacia el fondo del local, sin poner atención a los rostros de las personas que estaban allí conmigo, sentía que nada podía sacarme de esta historia, tenía que seguir montando las piezas de este puzzle imposible, así que seguía y seguía intentando encontrar la relación entre un nombre ¿y un apellido tal vez? Un nombre, un círculo azul... seguía intentando descubrir qué debía hacer con él, hasta que el grito fuerte de un niño al caerse de la silla y los de su madre al ver la escena, me hicieron volver a la realidad. Seguía allí en el mismo bar sin saber aún hacia dónde dar mis siguientes pasos.
Fue entonces cuando me di cuenta de que el café con leche que me había pedido se había helado completamente, ni siquiera me acordaba de él, y mi estomago comenzó a hablarme y quejarse por haberle olvidado. Necesitaba comer algo para seguir con mi aventura.
Llamé a la camarera que con su particular concepto del tiempo, se acercó cuando termino de hablar con su compañera sobre la cena que había preparado a unos amigos la noche anterior. Yo comenzaba a ponerme nerviosa, queria otro café, comer y seguir el ritmo, así que la llamé de nuevo.
Se acercó haciéndome notar su desagrado, y sin darle tiempo ni de que se acercara casi a la mesa y me preguntara, la ataqué con mi demanda:
- Un café largo bien cargado y una tostada con mantequilla y mermelada.
Me hizo un gesto afirmando que habia entendido lo que le habia pedido y se acercó un poco más para retirar el vaso de mi café olvidado. Al ver la mesa toda desordenada me preguntó si estaba preparando un examen entre tantas horas, notas, bolis... y al ver el nombre de Segis Volpe sonrió preguntando si era algun pintor renacentista que tenia que estudiar sus cuadros.
Sus palabras sonaron en mi cabeza que de nuevo tomó aceleracion y le pregunté si tenían un listin telefónico en el bar. Sus risas me hicieron pensar en nombres de calles, de personajes famosos, escritores, pintores, cientificos... ¿Podría encontrar alguna relación entre todos esos nombres y mi personaje anónimo y mis números?
Su risa ironica se paró en seco al oir mis palabras, y me respondió con una frase directa: “Voy a mirar”, por lo que entendi que volvería en unos minutos; no sabía si con o sin el listín, pero sí sentí que volvería.
Y lo hizo, cargada con 3 cuadernos grandes, dos listines y un gran callejero, pues ya con una voz más dulce confesó que no sabía el por qué no habían tirado los viejos, pero los había traido porque una nunca sabe lo que puede llegar a encontrar entre los libros, me dijo, como si minutos antes hubiese estado dentro de la biblioteca e hubiese vivido conmigo todos los detalles de la historia.
Comencé abriendo uno de los dos listines, el más viejo. Comencé por la ultima pagina en busca de algun pariente de Volpe, tal vez podria encontrar algún número al que poder llamar y poder preguntar sobre esta persona desconocida.

lunes, 23 de julio de 2012

Un Cadáver Exquisito - El Cuarto de Baño - "Trozo" 9


TROZO 9. Gamar.

Dentro del sobre se encontraban varios papeles sueltos y una nota.


"No puedo ser muy explícito. Es muy importante mantener una discreción total sobre el asunto, pero no tengo dudas que serás capaz de ir encontrando los pasos a seguir. En cada papel encontrarás un dato y lo necesario para hallar el siguiente. Como habrás notado, los datos sueltos que contiene cada papel, no aportan nada y por lo tanto son seguros, pero deberás destruir esta nota después de leerla, memorizar lo que dice el primer papel y hacer lo mismo."

Me quedé inmóvil sobre la cama. No tenía ninguna reacción que concordara con lo que sentía. No era miedo, pero la intranquilidad me mantenía paralizada.
Por un lado, que confiara en mí para algo que parecía tan importante me enorgullecía y por otro, una preocupación profunda por enfrentarme a una situación que nunca había vivido me mantenía incrédula.

Dejé todo sobre la cama, mientras caminaba en círculos y rompía la nota en trozos cada vez más pequeños hasta que ya no pude romperlos más. Me deshice de todo en el baño, tomé una botella de buen whisky que estaba en el mini bar, me serví una buena medida y mientras miraba la fantástica vista a través del enorme ventanal, sonó el teléfono.
Me transmitieron un mensaje y cortaron.
Sólo dijeron "Juncal 506".
Estaba en una suite de un hotel que jamás hubiese podido pagar, en una ciudad totalmente desconocida, con un juego de papeles con datos inconexos sobre la cama y lo que parecía una dirección. Sólo eso y sin saber qué hacer.
Terminé de un sorbo mi trago, coloqué todos los papeles en el bolsillo trasero del pantalón que descansaba sobre una silla y me tiré en la cama.

Debo haberme dormido al mismo instante de apoyar la cabeza en la almohada, porque no recuerdo siquiera haberme acomodado. El cansancio del viaje se encargó de todo. Desperté con rayo de luz en los ojos, un reflejo del primer sol de la mañana entrando por el ventanal y reflejándose en el vaso de whisky que estaba sobre la mesa.
Permanecí unos minutos mirando el techo, repitiendo en mi mente el mensaje de la noche anterior. "Juncal 506, Juncal 506..."

Me levanté, pasé por el baño, me vestí y salí de la habitación. Parecía programada para hacer algo, aunque no tenía ni la menor idea de qué era. Salí del ascensor, me dirigí a la consejería y le pedí a la hermosa encargada que me pidiera un taxi.
-Señora, usted tiene un chofer esperándola en la recepción.
-Ah, perfecto, no me habían avisado -dije sin poder ocultar mi sorpresa-
-Déjeme que se lo presente.

Me llevó hasta él y sin perder tiempo nos dirigimos al auto que nos esperaba en el estacionamiento.
-Usted dirá señora dónde vamos- dijo mirándome por el espejo.
-Juncal 506.
-Ya mismo.

El trayecto fue muy breve, casi no tuve tiempo de preocuparme por lo que haría cuando el auto me dejara frente a esa dirección.
Antes de llegar tomé los papeles y leí el que tenía el número 1 en su esquina superior izquierda. Decía “TB 17202” y debajo “P138”. Rompí el papel como me habían indicado y al bajar del auto, dejé los restos en el cesto de basura de la entrada del edificio de esa dirección.
Era una enorme biblioteca.
Al entrar me sentí en otro mundo. La modernidad del exterior contrastaba con la barroca decoración interior y la mujer que estaba detrás del mostrador encajaba con ese estilo recargado.
-Buenos días, señora. Dígame en qué la puedo ayudar -dijo la mujer mientras yo no podía dejar de mirar su extraño peinado.
En realidad no sabía cómo me podía ayudar, pero sin duda los números representaban algo.
-Necesito saber si estos números le dicen algo- y escribí sobre una libreta “TB 17202”
-Por supuesto, se lo muestro.
Y mientras me hacía señas para que la siguiera, tomé la hoja donde escribí y la arranqué.
Caminamos hasta una de las estanterías más alejadas, se agachó y sacó un libro chico, pero con muchas hojas.
-Éste es.
-Muchas gracias- le dije, tomé el libro y me senté en una antigua mesa de madera.

El primer papel, además del TB 17202 decía P138, lo cual sin dudas indicaba una página.
Al abrir en la página 138 apareció un papel, pegado con una cinta.
Tomé el papel y pude ver que tenía un nombre, pero rápidamente lo puse en mi bolsillo, llevé el libro al mostrador y salí del edificio.
En la puerta seguía esperándome el auto, pero decidí cruzar hasta un bar para desayunar algo.
Una vez sentada y después de hacer mi pedido, saqué el papel.
Decía “Sergis Volpe. Papel con círculo azul.”
La misión estaba tomando color. Sin dudas esa persona era el objetivo y el papel con el círculo azul me diría qué hacer con él.
Me incliné para sacar los papeles del bolsillo de mi pantalón y me quedé con el que tenía un círculo azul en su esquina superior izquierda.